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2.11.11

Un estudi assegura que els les persones que han d'anar a treballar amb cotxe o transport públic es posen malaltes més cops

http://www.ara.cat/societat/assegura-persones-treballar-vegades-malaltes_0_583141771.html


La investigació afirma que aquests treballadors pateixen més estrès, una qualitat del son més pobra i esgotament
 Segons una nova investigació publicada a la revista BMC Public Health, agafar transport públic o el cotxe per anar a treballar perjudica la salut. Un grup de científics suecs ha descobert que les persones que arriben als seus llocs de feina amb cotxe o transport públic no només pateixen més d'estrès, sinó que estan més dies de baixa per malaltia que els que hi van caminant o amb bicicleta.
La recerca, de la Universitat de Lund, ha estudiat 21.000 persones que treballen a temps complet entre 18 i 64 anys d'edat. Ells van trobar que els viatgers que condueixen un vehicle o utilitzen transport públic per anar a treballar pateixen son irregular i tenen majors nivells d'estrès que aquells que van a peu o amb bici.
"En general, els usuaris de cotxes i transport públic van patir més estrès quotidià, una qualitat del son més pobra, esgotament, i sentia que disminuïa la seva salut en comparació amb els altres treballadors", afirma el professor Erik Hanssen.
La investigació també va trobar que com més llarg és el viatge, pitjor és el seu estat de salut. "Els efectes negatius per a la salut dels usuaris del transport públic  augmenten amb el temps de viatge", afegeix Hanssen.
No obstant això, l'estudi no ha sigut capaç d'assenyalar el motiu exacte que produeix el viatge sobre la pèrdua de qualitat física, ja que els investigadors creuen que hi ha moltes altres variables que podrien contribuir al fet que un viatge llarg desencadenés una malaltia. Per exemple, els investigadors inclouen l'eficiència del transport, les circumstàncies personals i les àrees des de les quals i cap a on es viatja.



27.10.11

¿Es la bici de izquierdas? Por: Pablo León

http://blogs.elpais.com/love-bicis/2011/10/es-la-bici-de-izquierdas.html

Un carril bici en la Gran Vía madrileña. Esa ha sido la primera propuesta de la alcaldesa en potencia Ana Botella. “El espacio será detraído del que actualmente está destinado a la circulación de vehículos”, añadió ayer la concejala de Medio Ambiente que aseguró que el Ayuntamiento de la capital quiere “avanzar en la idea de hacer de la bici una auténtica alternativa de transporte, más allá de su uso lúdico o deportivo”. Aunque los pedales llevan siendo prioritarios desde 2007, el carril bici llega ahora. Hace cuatro años, Sevilla apostó por los pedales y se produjo un cambio radical en la ciudad. Ahora que el PP gobierna la capital andaluza con el propósito de “hacer de Sevilla la mejor ciudad del mundo”, la bicicleta ha perdido relevancia; una de las primeras medidas que tomó el equipo municipal fue derogar el plan centro. Con esa política, el anterior gobierno había limitado el acceso de coches al entorno de la Giralda cambiando el dominio de los automóviles por el de los peatones y las bicicletas. A Juan Ignacio Zoido no le parecía apropiado y nada más sentarse en el sillón de alcalde, las cuatro ruedas volvían a circular por la zona. Pocos días después, desmontó la Oficina de la Bicicleta, lo que provocó la movilización de asociaciones pro bici como A Contramano, que expresó en un comunicado su postura: “Estos gestos solo se pueden interpretar como un ataque en toda regla contra la movilidad no motorizada (a pié y en bicicleta) de nuestra ciudad por parte de su gobierno municipal”. Como el ayuntamiento de la capital andaluza, Palma de Mallorca o Castelldefels han matizado su política de movilidad y su relación con las dos ruedas. Pero, ¿es la bici de izquierdas?

Pocas semanas después de que Mateo Iserm (PP) llegara al poder en Palma, anunció que desmantelaba el carril bici de Avenidas. Planteaba un trazado mixto para devolver espacio a los coches y, a cambio, utilizar parte de las aceras. En Castelldefels ocurrió algo parecido en el Paseo Marítimo. Las bicis ganaron un carril a los automóviles y compartían calzada pero al estrenar regidor popular comenzaron los cambios. “El único argumento que aportó Manuel Reyes fue que los coches tardaban más en aparcar si había bicis de por medio; concretamente entre 2 y 5 segundos más. Por ese inconveniente decidió invertir en retirarlo”, explica Joan Valls, presidente del Bicicleta Club de Cataluña. “Nos preocupa un poco que un gobierno conservador no sea sensible a la bicicleta”, añade.

La asociación con bicicleta e izquierda en España no es casual. Sevilla, Zaragoza, Barcelona o Vitoria son algunos de las mejores referencias en cuanto a inclusión de la bici en las políticas de movilidad. Todas, menos la capitall vasca, han estado gobernadas por partidos de izquierdas. Castellón, con el PP, también ha hecho un gran trabajo mientras que Valencia, Santander o Murcia han realizado aproximaciones. Valencia creando una interesante infraestructura ciclista mientras aprobaba una hiperrestrictiva normativa. Las otras ciudades han hecho un hueco a la bicicleta “a costa de reducir el espacio de los peatones y no el de los automóviles”, comenta Valls. En el otro extremo, en el de cero bici, se sitúa Madrid; al menos hasta ayer.

“La cultura de las bicis está de moda. Y es cierto que hay una cierta conexión política con el ciclismo y la izquierda”, dice Frits Bredal, embajador de la bicicleta de Dinamarca. “Cuando los conservadores ganaron en 2001 querían deshacerse del Ministerio de Medio Ambiente y cancelar la política pro bici. Por suerte unos años después cambiaron completamente y se dieron cuenta que era estratégica en movilidad. No se puede politizar con eso porque alguien podría usarlo en su favor y mermar así una evidente mejora en las políticas de movilidad urbana”, continúa.

Parece que la fuerza de la revolución ciclista es tan fuerte que está superando ideologías. A medias. No da buena imagen que en medio de una crisis de financiación regional los ayuntamientos que han cambiado de color político, y han usado la bicicleta como arma arrojadiza, inviertan recursos en desmantelar obras ya realizadas.

En Londres el Tory Boris Johnson fomenta los mapas de calles tranquilas; Múnich, capital de la conservadora Baviera, lanza campañas publicitarias en favor de los pedales y Nueva York, el independiente con guiños republicanos Bloomberg anuncia un servicio de bici pública. En España eso no ocurría. Aquí la bici se ha usado como política de marca: la izquierda la fomenta; la derecha la critica. “Durante 12 años el PP no había hecho nada por la movilidad de Logroño. La ciudad, de un tamaño reducido, estaba llena de Jaguars y BMWs; todo el mundo iba en coche, por eso impulsamos un programa que apostara por la bicicleta”, dice Concha Arribas. Era concejala de movilidad en Logroño; ahora está en la oposición pero el cliché se mantiene. “Es cierto que la bici provoca un enfrentamiento cultural entre dos maneras de ver el mundo pero eso no significa que tenga que tener ideología”, explica Dmitry Gudkov, fotógrafo neoyorkino bicicletero.

La bicicleta es política. Lo que es cuestionable es que sea una decisión partidista. “Gobierne el partido que gobierne lo importante es que tenga gestos, promueva medidas legislativas y apoye su uso; esa es la base”, concluye Manuel Martín, presidente de la Coordinadora en defensa de la Bici. El anuncio del carril bici madrileño igual es un paso adelante.